Ángeles en el Cementerio General de Cartago
Guillermo Brenes - Tencio

En un cementerio, los ángeles constituyen la representación del alma en la alegoría cristiana. Ángeles románticos que parecen extraídos de la visión del místico sueco Emanuel Swedenborg quien aseguraba que en mundo de los espíritus, los ángeles recogen flores y hacen guirnaldas en un cielo que es la continuación de cuanto bueno y bello hay sobre la tierra, porque es su origen. Ángeles buenos como los que encontró el Dante en la entrada del purgatorio marcando las siete P de los pecados capitales en la frente de los recién llegados o los que están en las cornisas limpiando la frente de los que han sido absueltos. Ángeles que no se parecen a la Niké o Victoria Alada de rico atavío y expresión triunfal. En los inicios de la iconografía, los ángeles no llevaban alas, que aparecieron en el siglo IV, asociadas a la túnica blanca como símbolo de santidad inmaculada. Ocasionalmente, también se representan solamente como cabezas aladas.

Los ángeles son las figuras de connotación religiosa más profusamente representadas en los monumentos funerarios emplazados en el Sector Antiguo del Cementerio General de Cartago. Estas figuras son símbolos de lo intangible, de las fuerzas ascendentes y descendentes entre Dios y sus criaturas; tienen como propósito fundamental la custodia de los muertos y la garantía de su resurrección. Como sucede en la tumba donde están sepultadas las cenizas de don Agustín Calvo, y de doña Hortensia Ortega, en la que el ángel aparece de pie y despliega hacia arriba sus alas.

Desde los inicios del arte cristiano, el ángel es el intermediario entre lo humano y lo divino, tal y como resulta de su raíz etimológica griega. Son instrumentos de la Voluntad Divina; así como una herramienta es la continuación de la mano humana, los ángeles prolongan y acaban por reemplazar en la iconografía, la mano de Dios. Los ángeles no solamente están al servicio de la divinidad o anuncian las buenas nuevas, sino que también ejecutan acciones, por ejemplo, como en el monumento funerario en memoria de don Eugenio Pasini del Curto y su hijo, Antonio Pasini Garofalo, en que el ángel porta una corona de variadas flores entre sus manos, como en  señal de ofrenda perenne. Los ángeles pueden sostener rosas porque éstas simbolizan el amor de María Madre; azucenas que simbolizan la pureza y ramas de palmas, signo tradicional cristiano de inmortalidad y resurrección.


El mármol es el material en el cual, mayoritariamente, están trabajadas estas obras funerarias. En cuanto a su forma, están representadas principalmente en bulto y hay pocas en bajorrelieve. La imagen de bulto tiene como finalidad transmitir al observador que la contempla, un acercamiento tridimensional de la figura, mientras que la imagen en relieve se asemeja más a una fotografía nítida de la figura que se pretende representar, como el ángel en vuelo grabado en la lápida de la tumba del pequeño Hernán Guier, "quien voló al Cielo", en 1902.

La gran mayoría de esta iconografía fue comprada y traída directamente de Europa, principalmente de Italia, todo a solicitud y gusto de un sector social encumbrado. Así, en las tumbas de la familia Volio Guardia, de la familia Mata Bonilla, de la familia Jiménez Sancho – Jiménez Elbrecht, entre otras, se pueden observar  las figuras de los ángeles protectores, los enviados de Dios para el resguardo de sus fieles. Dichas representaciones están enmarcadas en diversos contextos arquitectónicos y alegóricos: como remate exterior de cubiertas o mausoleos o como figuras de ángulo, situaciones todas que enfatizan el propósito para el cual fueron erigidas. Tal es el caso del ángel femenino que corona la tumba de la familia del Dr. Lucas Alvarado Q.


Las representaciones de ángeles en los monumentos funerarios del Cementerio General de Cartago se personifican con diferentes atributos y, por consiguiente, con diferentes simbolismos. Algunos ángeles esperan al afortunado con los símbolos del triunfo: coronas de laureles y hojas de palma, indicando como la fe puede sobre la muerte. Otros se llevan el dedo a los labios, custodian y demandan silencio, como en la escultura del ángel del sepulcro donde reposan los restos mortales de los miembros de la familia Pacheco Sáenz.

No faltan los que en recia actitud guardan el sueño eterno de los difuntos, o se dedican a servir de compañía a los deudos compartiendo sus penas. Y otros alargan su mano en ayuda del alma en su ascenso a los cielos, o parecen meditar. Todo un coro celestial destinado a facilitar el tránsito entre la vida y la muerte. La totalidad de ellos se plasman como jóvenes de facciones delicadas y sonrisas apenas esbozadas, con lo que se evoca la renovación constante de la función para la cual fueron colocados: escoltar el alma del difunto en su tránsito hacia un mundo mejor, donde el amor es el valor universal eterno.


Al examinar las imágenes de los ángeles del Cementerio General de Cartago, pueden observarse ciertos detalles de sumo interés. Primero, tanto por el peinado, como por el tipo de fisonomía, se aprecia con nitidez una concepción de elegancia y belleza del clasicismo grecolatino. Sus vestidos son representados como ligeros y evanescentes, en virtud de la luz que irradian y la pureza de sus almas. Asimismo, los ángeles están representados como seres asexuados, en ocasiones con rostro femenino, siempre vestidos con túnicas clásicas de pliegues horizontales y verticales; y con elementos de gran simbolismo funerario, como el "Ángel del Dolor" que corona la tumba de la familia de don Teófilo Vargas Gutiérrez.



Segundo, los ángeles –en tamaños, posturas y actitudes variables- están labrados en un sólo bloque de mármol blanco, incluidas las alas, plegadas o desplegadas, en sus espaldas. Las alas expresan  sabiduría, presteza, espiritualidad, alejamiento de lo terrenal y cercanía a lo celestial, incorruptibilidad, elevación a lo sublime, trascendencia a la condición humana y liberación. Los ángeles están dotados de flores, guirnaldas, festones y ramilletes, como reconocimiento y recompensa a la "vida virtuosa" de los fenecidos; como en el mausoleo dedicado a la memoria de don José Manuel Jiménez Zamora y su esposa, doña Dolores Oreamuno.




En suma, la iconografía angélica se expresa en una estatuaria majestuosa, que sobresale por encima de tumbas y mausoleos, como si quisiera anunciar una nueva ley, un nuevo pensamiento en la "ciudad de los muertos" o el "jardín del eterno descanso".



Información e imágenes enviada por: Guillermo Brenes – Tencio, Profesor y Miembro del  Grupo de Estudios sobre Arte Público en Latinoamérica (GEAP–Latinoamérica)