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| El traje folklórico costarricense (Cartago) |
Es importante que todo costarricense sepa que el traje folklórico constituye uno de los elementos más importantes de nuestro patrimonio histórico cultural: es necesario para lograr este conocimiento conocer muy bien los trajes de las distintas regiones que constituye el pais.
Sin embargo, es fundamental entender que el traje folklórico debe cumplir con una serie de requisitos básicos que caracterizan cualquier hecho folklórico.
a. Ser tradicional
b. Ser el resultado de un proceso de naturaleza dinámica
c. Ser popular
d. Ser de carácter funcional
e. Ser anónimo
f. Ser de carácter empírico o espontáneo y
g. Ser propio de una región determinada
A continuación mencionaremos tres elemntos importantes de estos requisitos, los cuales en este ensayo nos interesa: la naturaleza dinámica del traje o su variabilidad, la funcionalidad de las vestimentas y el carácter regional de los distintos tipos de trajes de Costa Rica.
Variabilidad de los trajes folklóricos costarricenses
Se ha dicho siempre que en Costa Rica, a través de su historia no todos los costarricenses visten de la misma forma, sino que existen factores que permiten establecer diferencias en los modos de vestir. Estos factores en
cierta manera se hallan interrelacionaos. Los más importantes pueden ser:
a. Aspectos geográficos: indica de acuerdo con las condiciones que presenta cada región del país, así motiva para una determinada forma de vestir de sus pobladores.
Costa Rica, a pesar de ser un país pequeño, presenta regiones con características diferentes e incluso similares, regido por cambios climáticos, flora, relieve, uso de tierra, la expansión territorial de la población, condiciones de vida, sistema de transporte y comunicación, etc.
Por ejemplo, en muchos lugares del Valle Central, los campesinos prefirieron tonos oscuros mientras que en las bajuras guanacastecas usan los tonos claros, por efectos del clima de cada uno de los lugares.
b. Factores culturales:
Esta variación se debe a los diversos grados de cultura material, de las tradiciones y hábitos de cada uno de los pueblos.
En cuanto en la forma de traje se basan en las cualidades de las vestimentas, sus técnicas de elaboración, los tipos de atuendos, función que ejerce cada uno de los trajes según las necesidades de las personas, sea de tipo físico como la protección del cuerpo, de tipo psicológico como las creencias en las formas de vestir o de tipo social y finalmente, que se les dan a los vestidos y forma de lucirlos. Por ejemplo, en las comunidades indígenas guaymíes del sur del país existe la costumbre de utilizar el tocado o prendas de plumas en las cabeza o como una indicación del rango social que tiene las personas dentro del grupo, varían de acuerdo con el color, tamaño número o forma. En el Valle Central preserva la costumbre de estrenar trajes nuevos para ocasiones especiales, particularmente durante las fiestas religiosas o morales como el uso del color negro en muchas faldas de las mujeres aldeanas, lo que reflejaba creencia popular de que la mujer se mantenía casta, honrada y pura.
c. Factor personal:
Esta modificación está muy relacionada al caso anterior. Los deseos personales del hombre y de la mujer van siempre en relación con sus formas de vestir, debido a su carácter a su gusto, a su deseo. Por ejemplo, las campesinas de Santo Domingo de Heredia tienen un carácter alegre, por lo tanto se manifiestan de este modo en sus trajes, blusas de gola pringadas de lentejuelas y enaguas de colores más fuertes y vigorosos. El uso de la pasamanería es muy difundido entre las mujeres de varios lugares del país. Las gentes de las clases populares, especialmente los campesinos son muy propensos de usar lo que más llamativo y alegre encuentren.
d. Factores históricos:
El traje folklórico aunque es de carácter tradicional, casi permanente, ha sufrido ciertos cambios debido a circunstancias histórica, de la vida del país. Estos cambios son básicamente estructurales es lo que perite una variación en las vestimentas, el caso más típico ha sido durante el siglo XIX, con el auge y desarrollo del cultivo del café, el traje de origen colonial sufrió cambios notables, tanto en las áreas rurales, como en las urbanas, particularmente en el Valle Central por ejemplo, casos como en la época de las cogidas de café, las campesinas usan un tipo de sombrero de paja o de palma como implemento necesario para esta actividad.
e. Factor de imitación:
Es un factor muy importante en la vestimenta folklórica costarricense: esto se debe a que se siguen, los mismos estilos de la moda de las clases dominantes, por parte de las clases bajas e intermedias. No se imita todo sino se iguala o copian algunos elementos que le so apropiados a estos grupos; los más adeptos son los gamonales y las clases medias. Sin embargo, la situación no sólo suceden así, sino que también ocurre al contrario, la clase dominante imita a las clases populares, por ejemplo, el uso del sombrero de paja para actividades especiales en lugares de clima caliente.
f. Factor socio-económico:
Es este el factor más decisivo en la diferenciación de los trajes regionales de Costa Rica. Las razones son las siguientes: las condiciones económicas favorables permiten lograr buenos efectos para vestir; el poder adquisitivo de los grupos sociales es distribuido desigualmente lo cual implica variaciones en la vestimenta de acuerdo con las condiciones de cada grupo social y como la sociedad costarricense está dividida en clases sociales permite que en cada una de ellas se vista de acuerdo con los factores anteriores.
Aunque muchas veces las personas se vestían igual, se diferenciaban en el uso de los materiales para la confección de los vestidos; las clases altas y gamonales preferian el uso de telas y accesorios, en su mayoría
extranjeros; las clases bajas, elementos de vestir baratos. Por ejemplo, en el Valle Central, las campesinas utilizaron la blusa de gola banca y almidonada, cada una de acuerdo con su condición monetaria, las más
pudientes la usaban de lienzo con bordado inglés y lentejuelas.
(…) Las camisas de gola también las adornaban con solo caballito y las muy pobres, dobladillaban la tela (Núñez Evangelina de 1957: 323) En actividades especiales como fiestas religiosas era muy notoria la diferenciación social, que se distinguía mejor por medio de sus indumentarias y con facilidad adivinabas de cual clase social provenían las personas: “… el atractivo principal de las fiestas, más profanas que religiosa en le fondo, eran las mujeres, lo mismo los de los campos que las de la ciudad. En tanto que las primeras habían permanecido fieles a la camina escotada y al reboso del traje nacional, las segundas habían adoptado resueltamente los trajes europeos, menos el sombrero, pero el lujo y la elegancia se manifiesta de igual en ambos lados. Y nada daba una
idea más sorprendente del bienestar apresurado y de la orgullosa independencia de la clase campesina, como ver a centenares de mujeres jóvenes con sayas de muselina, bajo las cuales se escabonaban media docena de refajas bordadas, encuadrado por reboso de lana y de seda a rayas esplandecientes. (Fernández, R. 1970:579)
Funcionalidad de los trajes folklóricos costarricenses
El traje folklórico costarricense cumple tres aspectos básicos de funcionabilidad: comodidad, pudor y apariencia o exhibición.
a. La comodidad:
Es la función que se requiere para protegerse de las inclemencias del tiempo, tratando desde luego condiciones factibles de protección de los elementos naturales para que los seres humanos ejercieran sin contratiempos sus actividades cotidianas. Por ejemplo, el caso de los sabaneros guanacastecos que viven en zonas de clima seco, cuando salían a realizar sus labores del acarreo del ganado en las llanuras, para protegerse de las plantas espinosas, especialmente los arbustos como el cornizuelo, usaban botas de cuero de venado para cubrir sus piernas desde la ingle hasta el tobillo e igualmente para defenderse de las mordeduras de las serpientes; también solían vestirse de blanco para evitar las picaduras de insectos molestos y de los rayos solares. Sin embargo, a pesar de tener múltiples ventajas en la comediada del traje, también tiene algunos inconvenientes como el formalismo en al forma de vestir que no va acorde de la intensidad de la luz solar. Como sucedía con los hombres de las clases altas, abrigados de gruesos y calientes chaquetones o en Limón, lugar de clima caliente, donde el buen formato del atuendo iba ligado a las reglas sociales y morales; pero la mayoría de las veces, las gentes no se mostraban de andar así, por motivo de tradición y de lucir mejor durante los domingos y días festivos.
b. El pudor:
Además de la protección contra el tiempo, el traje protege el pudor, en este aspecto, su misión es disfrazar ciertas señales corporales. Varía su uso en épocas diferentes y lugares distintos. Los indígenas han
utilizado el taparrabo como prenda que reduce al mínimo el vestuario. En los siglos XIX y XX nuestros abuelos han llegado muchas veces a los extremos en su aplicación del pudor, cosa muy corriente entre las clases
urbanas y las gamonales, entre los campesinos poseían otro sentido de lo que es el pudor, de ahí que era muy usual e que las mujeres lucieran sus blusas con amplios escotes mostrando sus hombros y espalda o enseñando los pies bajo enaguas cortas durante las faenas cotidianas. En la ciudad era prohibido que una mujer mostrar las prendas íntimas y muy bien confeccionados justamente con espumantes encajes y encamados de bellas
cintas de seda de varios colores.
c. La apariencia o exhibición:
Es la función más corriente en la indumentaria folklórica, no está ligada por razones de protección del calor o del frío, ni por efectos del pudor. Entre las gentes del pueblo es notorio exaltar la vanidad a través del vestido, sin embargo, la exhibición es ya un hecho muy común entre todos los grupos humanos, sólo
varía su forma de expresarla, debido a circunstancias como la limitación en adquisición de materiales, normas de buen gusto y condición socioeconómica.
El color, la textura y la variedad son los elementos esenciales en el adorno. No sólo se manifiesta la exhibición por medio de las prendas de vestir sino que también en adornarse el cuerpo con adornos temporales y/o permanentes. El gusto por los colores es muy difundido y variado: la afición a los mismos, aunque parezca raro, es más europeo que indígena, con raíces de la época medieval y tenían un significado alegórico, el indígena, de ora dimensión existencial, era el más sobrio en el empleo de los colores.
Así tenemos que el color rojo era el más llamativo y favorito de la indumentaria campesina, era un tono que demostraba salud, energía, buen humor y vitalidad; el azul tranquilidad, renunciación, el verde preferencia para la naturaleza, el amarillo, alegría, seguridad, el blanco,la pureza, libertad, lo espectro, el negro, la fidelidad, la presuncuón, agresividad, falsedad, contrario a lo luminoso, etc.
La utilización de determinados implementos, con un color dado refleja la condición civil de la mujer, como con el uso de los pañolones o las mantillas, la mujer casada debía usar de tonos oscuros y sobríos mientras que la soltera colores vivos.
Conjugando con lo anterior, los trajes se complementaban con sus respectivos adornos, la mayoría de las personas, recurría a los elementos naturales para ejecutar sus prendas, las decoraban y embellecían con flores, semillas, conchas, dientes, huesos, pieles, plumas, maderas, metales y piedras preciosas entre otros. La mayoría de estos elementos permitió el desarrollo de algunas manufacturas, como el curtido de pieles, tejidos de fibras, tintes y estampados de las telas.
El vestido sirvió y sirve para exteriorizar el rango o la posición social dentro de la colectividad. Los ricos y poderosos proclaman su status a través de sus prendas; sin embargo, a muchos individuos les gusta lucir con algunos implementos que no tienen las funciones de comodidad y pudor, como el de un utilizar la corbata o el lazo, que lejos de ser adorno, es un elemento para lograr cierta categoría social o captar un determinado status. Este fenómeno es un resultado de la imitación de los grupos populares hacia las otras clases sociales.
Dentro de la categoría de la apariencia, uno de los aspectos más importantes ligados a ella es el sentido ritual que cumple el estar vestido de determinada manera, ya que se prefiere a seguir o manifestar una continuidad histórica. Entre los indígenas es muy difundido este tipo de exhibición de vestuario, pues lucen con atuendos especiales para sus fiestas, como la de pintarse el cuerpo y ponerse vistosos penachos de plumas, así mismo sucede durante las fiestas, profanas como el caso de los borucas para la fiesta de los Diablitos que emplean el uso de la máscara de madera y ponerse sacos de gangoche. En Santa Cruz (Guanacaste), los llamados “indios promesanos” rinden culto y homenaje a su santo patrono, el Cristo Negro de Esquipulas (15 de enero), con trajes blancos cubriéndose la cabeza con sombreros y un velito en el rostro como expresión de pureza y humildad. En la pasada Virgen de los Ángeles llevada a cabo en la ciudad de Cartago cada primer domingo de setiembre las personas que cumplen una promesa a su patrona se visten de indios o con vestimentas de campesinos y se les conoce como “cholos”. Es muy difundida la costumbre de vestirse de blanco, en las bodas y al realizar la Primera Comunión.
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Trajes de la Región Central:
La región Central, conocida también como Valle Central, lo conforman dos áreas: el Valle Oriental o la Provincia de Cartago en su mayor parte, y el Valle Occidental con parte de las provincias de San José, Alajuela y Heredia.
En la provincia de Cartago, los varones lucían pantalones de corte recto de colores oscuros o suaves, camisa blanca, en el norte de Cartago era de color, banda arrollada en la cintura y un lazo negro debajo del cuello de la camisa, iban calzados algunos con zapatos de hebilla. En el sur de Cartago vestían sencillamente, muchas mujeres tenían blusas con vuelo de caballito, faldas oscuras voladas, iban con botas o sin ellas y con pañuelo atravesado debajo del cabello sobre el cual usaban sombrero. Los hombres lucían con más sencillez.
En algunos lugares muchas campesinas adornaban sus enaguas con cuñas de diferentes colores y se asemejaba a las ruedas de las carretas.
Otro de los elementos que llevaban eran el pañuelo que decía “Toda tuya, Amor mío o No me dejes”, esto lo llevaban las muchachas solteras en la cintura, para conseguir novio. Las enaguas tenían una bolsa secreta, grandes de manta, donde ocultaban el polvero o pañuelo para secar el sudor o quitarse el polvo.
En Cartago y en otros lugares, las campesinas se colocaban coquetamente hermosas peinetas con los nombres de las que lo lucían.
En todo el Valle Central, durante las labores diarias se vestían sencillamente, la mujer con blusa de gola sin mangas bombachas cortas totalmente blanca, una ancha enagua estampada con una o dos vueltas. En otras zonas, la falda era de un solo vuelo. En Cartago y en Heredia, la mujer llevaba un pañuelo atravesado sobre los hombros y sujetado en la pretina, por delante. Se peinaban con trenzas o con el cabello recogido o atado, muchas se colocaban un pañuelo anudado por detrás de la cabeza. Usaban delantales blancos o de chinilla.
Los hombres se vestían en forma sencilla con camisas blancas de manta y pantalones de dril o mezclilla, ya que eran fuertes y resistentes para el trabajo, algunos llevaban pañuelo al cuello. Todos se ponían un sombrero de palma, se calzaban con caites o sandalias de fabricación casera.
Los campesinos gamonales y campesinos medios llamados también orilleros o mengalos vestían muy diferente al resto de la mayoría campesina del Valle Central. Las mujeres vestían con blusas o cotonas de etamín, algodón seda u organdí, de cuello recto y mangas largas adornadas con vuelitos de encaje o botones, las habían de diferentes estilos que las mujeres preferían. Las faldas generalmente de alapaca y predominaban tres tipos de enaguas, de paletones, tableados, de media campana y las estrechas o talladas, calzaban con botas de abotonadura, botines o media bota y con medias de lana. Llevaban el cabello recogido en manos o de peinado alto o de estilo abombado, para salir no debía faltar su amplio pañolín de estilo español, bordado de anchos flecos.
Los varones (hacendados y gamonales) vestían generalmente de chaqueta corta o la cintura y pantalón de casimir o de paño, camisa blanca con pechera, algunas veces lucían con la corbata o el lazo negro; llevaban faja de cuero, reloj pendiente de la leontina de oro banda de seda alrededor de la cintura, sombrero de fieltro y botines o botas.
Imagen 1: Traje típico de la región de Cartago
Imagen 2: Traje laboral del Valle Central
La campesina cartaginesa
Las lindas y rosadas campesinas cartaginesas usaban camisas de gola, blancas como jazmines, con bordados ingleses y lentejuelas. Las enaguas anchas, plegadas a la cintura y con tres vuelos ribeteados con cintas. Un rebozo bordado, uno de media seda tornasol, o simple toalla la colocaban sobre la cabeza y luego se ponían el sombrero de pita, con el ala caída sobre la frente. Los hombros cubiertos con un pañuelo. En la garganta el cintillo negro con el relicario, las que eran casadas y con una cruz de carey o de oro las solteras.
Las botas altas, con tacón currucha y puntera de charol. Abotonadura blanca, a zapatos de ojete elásticos, que dejaban ver las torneadas piernas cuando coquetamente ellas se recogían la falda.
Dentro de un cesto o canasto llevaban siempre su mercancía envuelta en servilletas con caballito, bizcocho de Cartago famoso, tanelas o turrones con semillas de chiverre. Así bien endomingada entraba a la Iglesia de San Nicolás, El Carmen, La Soledad, San Francisco, o la de su Patrona la Virgen de los Angeles.
Cumplidos sus deberes con Dios salía presurosa, a vender sus deliciosos embustes.
A su regreso al hogar, en la puerta la aguardaba su compañero con su traje de casimir azul oscuro, chaquetón de cuello de pana, camisa blanca, leontina de oro y sombrero de pita. Los hijos con camisas de manta, pantalones de mezclilla y descalzos, con las alforjas repletas del “diario” esperaban ansiosos la llegada, para saborear los membrillos, los duraznos y todas las ricas frutas de Cartago. ¡ Familia feliz que en su casita encalada vivía satisfecha de haber trabajado toda una semana!. Su ilusión era el descanso de un domingo sentados en la tranquera, en la cerca de piedra cubierta de menudas rosas o en la banca decorada con tachuelas doradas.
Así era la campesina, buena, virtuosa, trabajadora, dispuesta a duplicar sus esfuerzos en momentos de guerra como Pancha Carrasco, o a hacer muñecas de cera o retazos de tela, para el Portal, como la Caracito, famosa reliquia de la “Muy Noble y Leal Ciudad de Cartago”. |
Tomado del libro “Módulo para la enseñanza de la música”, capítulo 3 ,
“El Traje Folklórico Costarricense”, con la autorización de su autor, Edgar Cerdas Rojas.
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