PRESENTACIÓN
Encuentro Nacional de la
Mascarada Tradicional
Decreto 257246
Desfile Mascareros, grupos folclóricos,
alegorías típicas, zancos, cimarronas
y más
31 de octubre, a partir de las
10 a.m. de la Basílica de Los Angeles al
Parque Central.
Organiza: Colegio Universitario de Cartago.
Dedicado a: BANCRÉDITO
Imagen : Publicidad D&D
El presente resumen pertenece al
libro que próximamente se editará:
“Cartago cuna de la Mascarada Tradicional
Costarricense”
Autor: Rodrigo Muñoz Azofeifa.
Fue
hace nueve años cuando nos planteamos
realizar una investigación sobre la mascarada
tradicional y sus orígenes en Cartago
que nos permitiera promover un proceso de sensibilización
y reconocimiento en la comunidad Cartaginesa,
de manera que fortaleciéramos la identidad
cultural y reconocer nuestro valores y tradiciones.
El
período del 2000 al 2005, transcurrió
en un proceso de reflexión y conocimiento
a través de la artesanos mascareros de
Cartago, la familia de los Valerín y
muy en especial, el aporte significativo de
los señores Oscar Guevara Chacón,
Avelino Martínez y Guillermo Martínez,
quienes nos han aportado el sustento de esta
investigación. La experiencia sobrepasa
nuestras expectativas con la comunidad a través
de las actividades que logramos como son: los
20 talleres, 8 exposiciones, 7 pasacalles, 5
provinciales y dos regionales en escuelas, colegios,
comunidades y el Centro Institucional de Privados
de Libertad de Cocorí, Cartago.
De
esta manera, hicimos justicia a una sentida
necesidad en Cartago: rescatar la tradición
de las mascaradas, la cual esta integrada al
origen de la fé a la Virgen de Nuestra
Señora de los Angeles y el espíritu
festivo de nuestros pueblos.
La
labor ha sido ardua y consideramos que el proceso
debe seguir en rescatar los elementos étnicos
y tradicionales que por razones no validas,
al igual que las fiestas agostinas, han desaparecido.
Nos proponemos con el apoyo de la comunidad
rescatar en un nuevo capítulo, estos
espacios que tienen un significado sensible
en las personas y organizaciones que creemos
que en la memoria del pasado está la
identidad de un pueblo.
Para
el Colegio Universitario de Cartago es un compromiso
en nuestra visión, el fortalecer la identidad
cultural y rescatar las tradiciones de los pueblos.
En
el V Encuentro Nacional de Mascaradas Tradicionales
nos hemos propuesto integrar grupos folclóricos,
zancos, mascareros, cimarronas, alegorías
típicas, las vendedoras de flores, cholos,
indígenas y los Santos Patronos de los
pueblos, cercanos a Cartago y contar con la
presencia por vez primera de los indígenas
Borucas con su danza “Los Diablitos”,
danza única en América, que según
la tradiciones de los indios “vencen a
los españoles”, y finalmente reconocer
la labor de una institución, benemérita
que incentiva la cultura, la educación
y el deporte, como lo es el Banco Crédito
Agrícola de Cartago.
Agradecemos
a todas las personas, organizaciones gubernamentales
y no gubernamentales que han confiado en el
proceso que hemos realizado, sabemos que con
el tiempo, las nuevas y presentes generaciones
sabrán valorar este espacio.
Objetivo:
Rescatar y fortalecer los Valores Culturales
Tradicionales de la Mascarada Costarricense,
como una de las manifestaciones más antiguas
que se originó a través de la
fé y el culto a la Virgen de Nuestra
Señora de los Ángeles; convirtiéndose
en fiesta nacional.
Justificación:
Desde
1820 se dan en Cartago las festividades en honor
a la Virgen de los Ángeles mediante las
Fiestas Agostinas, fiestas que dieron lugar
a la mascarada tradicional a partir 1877. Las
mascaradas están ligadas a los antiguos
actos sacramentales y los llamados “Misterios
de la Época Colonial para la Pasada”.
Las mascaradas constituyen la principal manifestación
del proceso y sincretismo que se dio en la formación
de nuestra cultura, donde participaron indígenas,
españoles y africanos.
La
actividad de la Mascarada llega a la gente de
los pueblos gracias a “Lito” Rafael
Valerín Valerín y a su hijo, Jesús
Valerín Roldan. Más adelante en
los años treinta, los hermanos Pedro
y Manuel Freer logran expandir en el Valle Central
esta manifestación.
Al
morir don Jesús Valerín Roldan,
en 1952 surge la familia de don José
Martínez Hidalgo y sus hijos Avelino
y Guillermo Martínez Solano, quienes
hasta la fecha, le han dado vida a esta antigua
tradición en Cartago. Lamentablemente
las Fiestas Agostinas desaparecieron en 1975,
dejando en la memoria las mascaradas. Por lo
tanto, en 1995 el Colegio Universitario de Cartago
genera el proyecto de rescatar y promover esta
manifestación, al valorar mediante una
investigacion y un proceso de sensibilización
con un sentido de pertenencia e identidad, encuentros,
exposiciones, talleres, conferencias dirigidos
a niños, jóvenes y adultos de
los diferentes sectores de la provincia.
Del
2000 al 2004 se han realizado tres encuentros
en Cartago centro, uno en Tres Ríos,
uno en Oreamuno y próximamente para el
2005, el encuentro sera en Paraíso. Para
el quinto encuentro participarán 200
mascaradas, cinco cimarronas, ocho grupos de
bailes folclóricos, el grupo cultural
de indígenas Borucas “Los Diablitos”,
alegorías propias de la época
indígena y colonial; como la entrada
de los Santos patronos de las comunidades aledañas
de Cartago.

ACTIVIDADES:
Del
22 de octubre al 5 de noviembre
Exposición histórica-contemporánea
de mascaradas tradicionales en Cartago, muestras
de artículos periodísticos, fotos
y materiales propios de la mascarada de 1810
al 2004.
Lugar: Centro de la Cultura Cartaginesa (antigua
Biblioteca Mario Sancho). Cartago Centro. Horario:
de lunes a viernes de 11 a.m. a 7 p.m.
Domingo
24 de octubre de 9 a.m. a 12 m.d.
Taller de mascaradas tradicionales dirigido
a niños, acompañados de un adulto,
en el Parque Central de Cartago. Previa inscripción.
Costo: ¢2500 (incluye materiales). Tel.:
591-3363 ext.245
Lunes 25 de octubre
Conferencia: orígenes e importancia de
la mascarada tradicional en Cartago a cargo
del Lic. Rodrigo Muñoz A., Director de
Educación Comunitaria y Asistencia Técnica.
Lugar: Sala de Exposiciones Prof. Marco Aurelio
Aguilar Mata. Colegio Universitario de Cartago,
abierta a todo público.
Domingo
31 de octubre, 10 a.m. - 12:30 m.d.
Encuentro Nacional de la Mascarada Tradicional
Costarricense.
Salida: entrada norte de la Basílica
de Nuestra Señora de los Angeles. Recorrido:
avenida 4, calle 2, llegada al Parque Central
de Cartago. Participan grupos folklóricos
nacionales, mascaradas, cimarronas, zancos,
alegorías, épocas prehispánicas
y de la colonia y entrada de Santos Patronos
de comunidades aledañas a Cartago.
12:30 m.d. espectáculo especial "La
Costa Rica que todos queremos", participan
grupos folclóricos nacionales, tarima
principal ubicada en Parque Central.
PRIMERA
ETAPA
Orígenes
y creadores de la Mascarada Tradicional Costarricense
Los Valerín dan origen a la tradición
Las
mascaradas en Cartago tienen su origen en la
Puebla de los Pardos, lugar antes conocido como
el Breñal, la gusanera y más adelante,
Barrio los Ángeles. Está barriada
integrada por ranchos pajizos y paredes de adobes
habitadas por indios y pardos. Los Pardos llegan
tras la caída del trabajo del añil
y la ganadería en Nicoya y Esparza a
principios del siglo XVII. Logrando la propiedad
de los terrazgos, constituían el Arrabal
y lo contorneado de la Puebla. Después
de perder Cartago la capitanía, nace
en 1824, el cartaginés “Lito”
Rafael Ángel Valerín Valerín,
hijo de Mitana Roldan conocida como “Polas”,
quien vivían en una casa fabricada de
adobe frente a la fontana (riachuelo de agua)
que hoy es la fuente de milagros de los feligreses,
conocida como la “Pilita” donde
miles de personas van a llevar sus peticiones
para que sean convertidas en milagros. Don “Lito”
se caso con María Estanilada Roldán
Arias, dedicada a oficios domésticos.
“Lito” era un hombre relojero, creador
de sombreros y hojalatero; también creaba
marionetas de jícaras, animando un pueblo
que le profesaba gran cariño, de carácter
social y de un gran sentido hacia la fé
y el espíritu festivo de estos tiempos
de la religión en actividades como el
Corpus Christi, la Semana Santa y la Cuaresma.
Era un gran participante de los famosos juegos
teatrales de los Moros y Guerrillas, fiestas
tradicionales de los indígenas y las
practicas festivas coloniales para amenizar
las fiestas de la Virgen de los Ángeles
que se iniciaron en 1800, dando lugar a fiestas
más importantes que serían la
Fiestas Agostinas que iniciaron en 1820 y luego
Fiestas Cívicas, que se dieron 1929,
dirigidas a rescatar y consolidar la identidad
tradicional costarricense. Estas fiestas se
daban en diferentes períodos del año,
diciembre, abril, mayo, setiembre y agosto;
en los turnos de la Puebla de los Pardos, al
norte (Barrio La Cruz de Caravaca) y al Sur
(Barrio Los Ángeles), luego en la Plaza
Asís, Estadio Deportivo de Cartago y
antiguo COVAO.
Pie
de foto: don Jesús
Valerín
Un
autor cartaginés comenta que las mascaradas
fue el mayor de los atractivos para las fiestas
de Cartago, entorno al culto de la Virgen de
los Ángeles como lo fueron también
las actividades conocidas como Escaramuzas o
Guerrillas de moros y cristianos y la de los
indios y españoles, a principios del
siglo XX: “Las fiestas cívicas
de pueblo eran famosas por sus mascarada, sus
guerrillas, corridas de toros y sus juegos pirotécnicos.
En esos torneos de alegría, lucían
su ingenio, “Lito “ Valerín,
Cecilio Morales y algunos otros, formando coros
de disfraces vestidos de hombres y mujeres,
que efectúan bellísimos bailes
de puro origen español. Josecito Salazar,
con otros disfraces de lujo, bailaban las Cuadillas
y el Cancán magistralmente; Cecilio inventaba
comedias jocosas que representaba con su compañía
de mantudos al aire libre, el paseo era una
maravilla digna, como le decían era una
maravilla digan de ver; Juan María baila
el trompo que tan famoso lo hizo; Juan Luna
o Rafael, convertido en Macho Ratón era
el hazmerreír del público. Por
cierto, que en una de esas mascaradas cayó
Luna por hacer cabriolas, desde las cortinas
y un macho ratoncillo que hacia el hijo del
viejo, al verlo en fondo caído le relinchaba
y Luna molido con la caída le decía:
“Ahora no estoy para relinchos juemil,
de todo el demonio”, el Cuijen que lo
hacía uno de apellido Guerrero, era el
tormento de las mujeres y los niños.
Guerrero fue el único en su papel de
diablo y lleno de orgullo decía: “Ni
en el jadeo me llega siquiera me lleva nadie
cuando hago de pisuicas.” (ORTEGA, E,
1997: 73-74).
Pie
de foto: Máscarada perteneciente a Jesús
Valerín en 1910
“Lito”
Rafael Valerín, no se sabe con exactitud
a que edad inicio con esta habilidad de artesano-mascarero
y quien dedico esta experiencia de hacer mascaras
a la Virgen por un milagro que no se tiene certeza
cual era. Su nieto Carlos Valerín Sáenz,
en una entrevista que tuve la oportunidad de
hacerle en agosto del 2000 en San José
a su edad de 90 años nos habla de su
abuelo: “Mi abuelo nunca dijo cual era
el milagro, él lo sintió, lo que
sí recuerdo es que Papá decía:
un día había entrado a la Iglesia
de los Ángeles donde él colaboraba
y en un rincón se encontraba una cabeza
original española de una textura única,
como no tenía gigante le agregaron uno
de los zancos, ahí entendió cual
era su misión; ya que tenía un
gusto especial, de extraño no tiene nada,
él ponía todo su empeño,
se pasaba inventando, según decía
papá; que eso es lo difícil”.
“Lito”
Valerin logra transformar los personajes agonísticos
de características europeas, en personajes
de la sociedad de la época costarricense
y de los sectores dominantes de una cultura
institucionalizada en un sentido de humor, crítica
hacia el disfrute de las personas, se vestían
de mantudos o payasos la gente humilde del pueblo
o barrio, que muchas veces eran mal vistos por
la alta sociedad; lo hacían antes o después
de la novena, al medio día, a las tres
de la tarde y a las nueve de la noche.
Son
innumerables los personajes que creó,
puede haber llegado a tener hasta ochenta, entre
muñecos, máscaras de casco o comedias
teatrales; entre sus personajes están
la clase alta, o sea los del gobierno, los ricachones;
los personajes eran vestidos con telas aterciopelados,
satinados, con lentejuelas, con sombreros de
peña, para adornar con flores de seda.
Estos muñecos gigantones tenían
un efecto mecánico al mover desde adentro
los ojos mediante una varilla. Otro personaje
famoso es el policía “que dicen
que ponía orden en la vida pública”;
muchas veces conocido en la época por
andar ebrio o sobreactuar en el uso del poder,
también se distinguía el personaje
milenario, antes conocido como “el bien
y el mal”, luego Lucifer y por último
el Diablo; quien lucía un traje rojo
de “charmelina o satín” con
un cinturón, rabo y zapatos negros, que
al caminar produce sonidos por la cantidad de
cascabeles que adornaban la cintura y el ruedo
del pantalón; otro personaje famoso es
La Muerte representado en un esqueleto humano
y era tan perfecto el disfráz, que parecía
un alma en pena. También el hombre de
los Zancos, el Macho Ratón, la Copetona,
el Viejo de la Vejiga. Algunos de los pueblerinos
o pardos que hacían de las suyas con
los personajes de “Lito”; son Julio
y Eduardo Sánchez (el Gigante y la Giganta),
Luis Romero (el Hombre de la Zancos), Rafael
Luna (el Macho Ratón), Francisco “Chico”
Valerín (hermano de Lito), (La Copetona),
Faustino Cárdenas (el Viejo de la vejiga
y la Muerte).
Con
estas creaciones, la Puebla de los Pardos se
conocía en el país por las más
famosas fiestas, tanto que los josefinos y heredianos
se desplazaban al lugar; un domingo al medio
día estaba lleno de gente que venía
con carretas, a caballo, a pie, lo importante
es que nadie se perdía el fiestón.
En nuestra tierra, hablar de Mantudos es remontarse
a un pasado que suscita nostalgia provinciana,
es volver a un pueblo marginado pero generador
de tradiciones nacionales.
Las
fiestas de la Puebla de los Pardos (Barrio de
los Ángeles), famosas también
por el “chirrite o contrabando”
o guaro “parranda aguaradas”, lo
que hacia que los Mantudos antes de iniciar
el programa callejero tenían que tomarse
una copita que muy amablemente donaban la famosa
Angelina y la Felipa Soto.
“Lito”
Rafael Angel Valerín murió en
1910, a causa de una larga enfermedad de “Leucemia”,
heredándonos una de las mas ricas tradiciones.
Después
de 1910, sucedió el terremoto que dejo
dolor y tristeza en los habitantes de Cartago,
enfrentando el dolor, surgió un espíritu
de lucha para reconstruir Cartago, de volver
a levantar las casas, la Iglesia y el comercio;
fue así como en 1918 surge Jesús
Valerín Roldán, hijo de “Lito”
Rafael Valerín quien nació en
1890 y con tan solo 16 años de edad,
retoma las mascaradas, las cuales él
mismo había aprendido desde niño
a confeccionar al lado de su padre, quien también
tocaba marimba, era artesano y pintor, se propuso
no dejar morir la tradición y seguir
con la fé a la Virgen de los Ángeles
rindiéndole homenaje en la Fiestas Agostinas.
Jesús Valerín profesionaliza su
trabajo de las máscaras, creando más
personajes con mejores detalles estéticos,
alegrando a la gente y muy especialmente a los
niños, jóvenes a quienes les tenía
mucho aprecio.
Don
Jesús Valerín se casó con
doña Isabel Sáenz Coto, costurera
de gran reconocimiento en Cartago, quienes vivían
en el Barrio la Soledad, donde nacieron sus
hijos Carlos, Francisco y Rosa Argentina Valerín
Sáenz (todavía sobrevive Rosa
Argentina).
Don
Carlos, su hijo nos cuenta: “Papá
ponía gente a entrenar de San José
y de Cartago, a lo que él llamaba un
“cuerpo de baile” en el mercadito
cuando habían quioscos en Cartago, quienes
usaban trajes que papá hacía y
con unas zapatillas de mecate. El grupo de baile
era un grupo especializado; por ejemplo, a Jesús
“Chaqueta” le gustaba salir de Policía,
recuerdo que los jóvenes se peleaban
la oportunidad de salir en los bailes de payasos
de papá. Siempre había mucha gente
que llegaba al “tallercito” que
estaba en el barrio el Molino, donde estaba
el estudio de la foto Saravia, era un edificio
viejo de madera, con corredores y una baranda
de madera, había un grupo de comedor
de fondo. Papá no lo hacía para
comercializar, a él le gustaba al igual
que abuelo, que la gente se alegrará.
El logró: hacer más de cuarenta
máscaras. (Entrevista realizada por Rodrigo
Muñoz Azofeifa en su casa de habitación
en el año 2000 en San José).
Don
Jesús Valerín confeccionaba las
máscaras utilizando moldes de arcilla
que traía del Tejar del Guarco, yeso,
papel periódico, petatillo de alambre
(cedazo fino) y de goma hecha de harina o de
tuna, con estructuras de varilla de construcción
y armazones de madera. Por cosas de la vida,
él obtuvo un catálogo de máscaras
de Francia, éste traía más
de doscientas figuras, de ahí que él
amplió la cantidad y diversidad de personajes,
con un gran colorido y reflexión. Además
de los personajes que tenía de su padre,
creo la Mamá del Diablo, El Negro, El
Viejillo sin Cabeza, El Fotógrafo, La
Bruja, El Diplomático (éste ultimo
media 1.80 metros), La Macha, Los Enanos (que
tenían una peculiaridad de llevar la
carita hacia las rodillas, el sombrero le prensaba
los brazos, llegándole al tórax).
Para
los años veinte, don Jesús Valerín
era famoso por sus personajes, creando una academia
donde escogía a quienes por sus habilidades
les enseñaba a bailar la música
que el mismo creaba o dirigía, Don Jesús
les decía a los niños “El
que se acerca a mí y baile payasos, cuando
sea grande, será un gran bailarín”.
Les enseñaba como bailar, como caminar,
cada payaso tenía una función
para el “combite” que en esa fecha
iba de doscientos a trescientos metros. En ese
entonces, las fiestas se hacían en la
plaza frente a la Iglesia de los Ángeles
en la última semana de diciembre, (hasta
1934), luego las fiestas se hicieron en noviembre
y abril, (1935), en conmemoración del
centenario de la Virgen fue una gran fiesta
de mascaradas con el nuevo parquecito de los
Ángeles. En 1936 todo cambio al trasladar
las fiestas a la Plaza Iglesia en el Barrio
la Soledad, no eran igual ya que las fiestas
de los Ángeles tenían un padrón
festivo y de fé único. Las fiestas
de las mascaradas y las fiesta en honor de la
Virgen de los Ángeles venía en
decadencia y todo, desde que Benito Garnet y
Arlow en 1782, excomulga aquellos que gasten
dinero de la cofradías en bailes, con
actos que no sean de la religión; lo
cual el obispo Esteban Lorenzo Tristán
de ese entonces, tomo la decisión de
trasladar la Virgen en una primera instancia
a la iglesia de Santiago Apóstol, luego
a la Iglesia de San Antolín hoy conocida
como la Parroquia del Carmen, mientras duraran
las fiestas. A partir de este momento, las fiestas
escandalosas y degenerativas se les denominó
como fiestas profanas religiosas. Nos cuenta
don Guillermo Martínez: “En La
Pasada, los indígenas llevaban chichibi
o más bien chicha (licor), que al regreso
con otros personas de San José y Heredia
venían de penitencia con piedras pesadas
y de rodillas, lo que hacía que se le
abrieran las rodillas (en carne viva), lo cual
entre heredianos, josefinos e indios para calmar
el dolor y hacer la fiesta terminaban borrachos,
lo cual era mal visto por los creyentes y la
iglesia”.
Recordemos
a cartagineses que desde niños hasta
viejos bailaron los personajes de Jesús
Valerín entre ellos están: Rodrigo
Masís (+) “Mata Maíz”
quien bailaba la Giganta, Rodrigo Bonilla Cantillo
(+, 2000), conocido como “Turpin”,
La Copetona, (1932), Manuel Ramírez “Mamá
coyote”, El Penitente, Faustino Cárdenas
(El viejo de la Vejiga), Juan María Valverde
(La Muerte). Luis Quesada “Pipas”,
Luis Segura, Manuel Piedra “Tin”,
Jorge Monge “Pichelito”, Noe Piedra
“Piedrita”, Victor Arias “Puchú”,
Carlos Godinez Rojas “Palica”, Alfonso
Montero “Chimpa”, Oscar Guevara
“Guevarita”, (Negro o la Macha),
José Mª Hernández, José
Pérez “Coche”, Cristóbal
Garro “Casadora”, Eloy Elizondo
“Eloisito”, Saúl Quesada
(+) y Norman Roquette (Diplomático).
Los
paseos donde los disfraces hacían de
las suyas son los pueblos de Cartago, entre
ellos: Oreamuno, Tierra Blanca, Paraíso,
Orosi, Taras, El Molino y el Centro de Cartago
que incluía el mercadito de carnes, y
los barrios el Carmen, Asís y los Ángeles,
por cada día de las fiestas se acompañaban
por las alegres grupos de música conocido
como “cimarrona”, compuestas por
diez músicos, número exacto para
que suene bien. Estos payasos como ya se les
conocía despertaban o llamaban a la gente
con atronadoras bombetas ya fuera a las cinco
de la mañana, doce medio día,
tres de la tarde y siete de la noche o nueve
de la noche.
Las
mascaradas tenían como objetivo, despertar
la emoción y el susto (todavía)
de niños, jóvenes y adultos; siempre
la gente se reunía a lo largo de las
aceras principales, cientos de espectadores
que se hacían presentes con bicicletas
y en carros, quienes iban sonando sus cornetas
o pitos.
Lamentablemente
Don Jesús Valerín falleció
el 1 de enero de 1952, debido a una broncomonía;
para su época, él ya no vivía
con su primera esposa y ninguno de sus hijos
o nietos habían heredado tan bella tradición,
cerrando así el capitulo de los Valerín
al crear esta costumbre.
La
vida y acciones de los Valerin nos dejaron una
rica herencia de leyendas, tradiciones e historia,
enmarcado en el Pueblo de los Pardos que es
lo más rico, artístico y significativo
del pueblo cartaginés.
Gracias
a los Valerín entendemos el valor del
espectáculo de carácter lúdico
de las mascaradas, el significado de la gran
diversidad que representa esta expresión
cultural para los pueblos costarricenses.
SEGUNDA
ETAPA
Las Mascaradas se extienden al
Valle Central
1920-1930
Los Hermanos Pedro y Manuel Freer García
quienes vivían en Cartago, seguidores
de las mascaradas y las fiestas, por la Plaza
Iglesias en Barrio Asís de Cartago, a
partir de 1930-1946 se destacaron a dar vida
a otras mascaras y mantudos, específicamente
en figuras de animales como La Cigüeña,
El Carraco, El Hipopótamo, El Águila,
El Conejo, El Tigre y El León, además
Pedro Freer le compro cinco payasos a Don Jesús
Valerín (La Muerte, El Diablo y Los Gigantones).
Fue
por otra parte la familia de los Freer García,
cuando las mascaradas eran un negocio de pequeña
empresa; ofreciendo un paquete el cual consistía
en carruseles, pólvora y mascaradas a
precios muy cómodos.
Los
hermanos Freer tuvieron la osadía de
expandir a San José, poco a poco, las
mascaradas que luego crean espacio en Escazú,
Ascerí, Desamparados, Barba de Heredia,
con el seguimiento de otros mascareros de la
época como son Carlos Vargas, Ramón
Gómez, Pedro Arias. Otros mascareros
contemporáneos que ha fortalecido las
mascaradas son: Miguel Samudio (Puntarenas),
Antonio Delgado (Palmares), Francisco Montero
Pérez, Carlos Salas (Barba, Heredia),
Olman Sánchez Ascerí), Custodio
Calvo (Cartago), Alfonso “Pocho”
Vega (Cartago, Tres Ríos), Eli Gerardo
Montero (Cartago), Enrique Mata (El Carmen)
y Victor Garita (Oreamuno).
Coronación
de la Reina Obrera
Fiestas Civicas 1929
Rosa Argentina Valerín Saénz
Las
Fiestas Cívicas que se realizaron en
1929, vinieron a marcar una nueva etapa social
al decidirse realizar el primer carnaval de
Cartago, por voluntad de la mayoría de
los Cartagos, de elegir una reina social, la
cual representaría a la burguesía,
a lo gubernamentales y se elegiría la
reina obrera representada por los panaderos,
artesanos, zapateros, albañiles, funcionarios
municipales. Al final eligieron como candidata
preferida a Rosa Argentina Valerín Saénz,
dama alegre, con donaire, gentil y cordial con
todas las personas, quien obtuvo 8.435 votos
en el último escultinio realizado el
1 de setiembre de 1929, en la Cámara
de Comercio de Cartago (costado este de Palí,
Cartago Centro, actual tienda de ropa americana)
Para
estas fiestas se acostumbraba realizar un carnaval
de apertura por las principales calles de Cartago,
con mascaradas, música de cimarronas,
carretas y bicicletas decoradas, el cual duraba
tres días con bailes corridas de toros
juegos de moros y agasajos de las autoridades
y de los familiares.
La
coronación se realizó en el teatro
Variedades (frente a las Ruinas, teatro Cartago),
con la presencia del gobernador y de las primeras
autoridades y de los miembros de la comisión
de festejos cívicos, y cientos de pueblerinos,
que le esperaban a la salida, para que abordara
la regía carroza, preparada por los obreros
Mata y Mata, era un carruaje estilo romano,
jalado por caballos.
Rosa
Argentina es hija de Jesús Valerín
Roldán y María Rosa Saénz
Coto, tuvo dos hermanos Carlos y Francisco Valerín.
En 1999 fue de nuevo, Reina del Adulto Mayor,
en el Barrio Asís y en el IV Encuentro
Nacional de la Mascarada Tradicional en Cartago
desfilo encabezando el Pasacalle, educadora
de profesión, poeta y actriz.
¿Salve oh Reina obrera gentil y buena
Reina!
He aquí tu pueblo que viene a rendir
Honores que bien ganados los tienes…
TERCERA
ETAPA
La Familia Martínez Solano
retoma la tradición
En
los años cuarenta estaba surgiendo silenciosamente
una nueva familia de mascareros Cartagineses
que tenia unos espantos y máscaras que
había comprado en 1942 en ¢0 .50
y ¢0.25. Don Avelino nos narra: “En
1944, yo empecé a crear máscaras
de papel, tenía un juego de 15 mascarillas
y las vendía después, hice los
moldes y las primeras máscaras fueron
la del Diablo y la Muerte, ese fue mi inicio
en esta creación cultural”.
Este espíritu de inquietud para recuperar
y revitalizar esta costumbre de Cartago de las
máscaras, construyendo el fortalecimiento
de los sentimientos y cohesión del pueblo
costarricense, nace de los hijos de José
Martínez Hidalgo, quien nació
un 1896 y murió un 11 de marzo de 1986
y se caso con María Solano Soto; de este
matrimonio nacieron siete hijos: Rafaela Hortensia,
Rafael Ángel, María Cristina,
Fernanda, Rafael Avelino “Nino”
(nace el 21 de noviembre de 1922) y Guillermo
Martínez Solano (que nace el 28 de diciembre
1926). Don José que era artesano de albañilería,
devoto de la Iglesia de San Rafael de Oreamuno,
se dedicaba a hacer altares, huertos e imágenes
del cementerio. Don Avelino empezó a
los ocho años de edad a crear máscaras;
es artesano, pintor de casas, ebanistero, trabajo
en la fábrica de cemento y diseñador
gráfico en VICESA y don Guillermo inició
a los ochos años de edad en las mascaradas,
se dedicaba a maestro de obras de construcción,
ebanistero, trabajó en el Colegio de
Ingenieros y Arquitectos y promotor de Cultura.
Don Avelino le había comprado unos seis
payasitos a Jesús Valerín; dos
gigantes, un enano, El Fotógrafo, El
Hipopótamo y El Policía de la
esquina, además vestidos, moldes y mascaritas
que todavía conservan.
Iniciaron la tradición apoyada por su
padre, luego de haber fallecido don Jesús
Valerin (1952); ambos se cuestionaron el paradero
de las “Mascaradas de Jesús Valerín”,
visitando a su última esposa, quien les
indica que estaban “ahí tirados”
(Tierra Blanca), abandonados, hasta llenos de
barro de aquellas inundaciones, Avelino “nino”,
le ofreció comprárselas en ¢500
(de lo cual todavía conserva el recibo),
ella se los vendió con el “Catálogo
Francés” incluído. “Nino”
las comenzó a restaurar, uno por uno
según el catálogo (según
nos narra su hermano Guillermo). Entre los personajes
que le entregó, la figura del enano,
solo venía el armazón y poco a
poco lo reconstruyó hasta tener un juego
de veinte mascaras de los Valerín y los
que crearon ellos con él catalogo.
Don
Avelino nos narra: “Papá se encargaba
de hacer los contratos para las fiestas, los
cuales se alquilaban solo en Cartago para mantener
la tradición; Taras, Oreamuno, Tierra
Blanca, Pacayas y Paraíso y cobraba tan
solo ¢250 por la salida del conjunto de
máscaras.
Para 1952 el presupuesto no era bueno, la situación
económica de los Martínez les
impedía mantenerse y además las
fiestas habían decaído.
En 1958 las fiestas hicieron vibrar de nuevo
a Cartago con las Fiestas Agostinas, ya que
se celebraban en agosto en beneficio del Patronato
de la Niñez.
En 1962 retoman las mascaradas los Hermanos
Martínez en San Rafael de Oreamuno, Orosi
y Pacayas (en Orosi en esa fecha, fueron las
últimas fiestas tradicionales en este
pueblo).
Don
Guillermo nos narra: “En Oreamuno la gente
siempre es seguidora de la mascarada, de aquí
(Casa de Avelino) salía y habían
que darles un traguito, al final tenían
problemas porque se emborrachaban, abrazándose
unos a otros los “Manganzudos“.
Entre las anécdotas que recuerdo: “una
vez en la línea del tren en Barrio de
los Ángeles, sé cayo uno de ellos
bien borracho y en eso venía el tren;
por segundos casi desaparece, si no es porque
lo corrimos de ahí, él ni se acuerda
por la juma que tenía”.
Otra anécdota que nos narra don Avelino:
“Mi hermano sacaba la bruja que habían
hecho los Valerín, además le encaramó
un perico ligero como gracia, se montó
en la “Rueda Chicago” y ésta
se varó quedando él arriba; toda
la gente se aglomeraba y al verlo reía”
Don Avelino: “Nosotros todavía
conservamos algunos moldes de cemento y madera
de los Valerín, al igual un vestido de
pedrería hecho a mano. Papá era
muy estricto, se emocionaba mucho, guardaba
un gran amor a las mascaradas.”
Don Guillermo: “él decía
-Papá- que no sacáramos las mascaradas
de Cartago, que eran para los diferentes lugares
de esta provincia”
Don Avelino: “Las mascaradas son una riqueza,
son una reliquia, es un privilegio tener todas
estas mascaras y algunos de los Valerín.
Nosotros creamos el “Toro Guaco”,
salió de aquí, de Cartago, luego
lo hizo Custodio Calvo adornado de juegos pirotécnicos…
el “Toro Guaco” era un poco morboso,
buscaba a las muchachas…” prosiguen,
“...hay que recordar las Fiestas Patronales
al medio día de un domingo, cuando se
bailaba en las calles empedradas al ritmo de
las bandas de cimarronas, La Giganta, El Diablillo
y La Bruja.
Los payasos y la “fara farachin”
son los protagonistas de la Fiesta Agostina
o Cívica, de ser tico.
Niños, jóvenes y adultos corren
y bailan cuando alguno de los mantudos con una
faja o una vejiga los “corretea”.
Para 1978 don José Martínez realizó
un contrato con el Ministerio de Cultura, Juventud
y Deportes a través del Señor
Nago de Nicoya, vendiéndole el conjunto
de máscaras de su pertenencia, incluída
las de los Valerín por solo tres mil
colones; además, le entregó en
condición de préstamo el catálogo
francés y fotografías; don Avelino
se comprometió también a darles
mantenimiento. Estas máscaras se hicieron
famosas al viajar con un espectáculo
de folclor nacional a España, Francia
y Bélgica y fueron utilizadas en la película
“La Segua”. Lamentablemente a la
fecha no se sabe el paradero de los catálogos
y las fotografías. El Señor Nago
de Nicoya, comenta que las máscara se
deterioraron y ya no existen (según nos
indica Don Guillermo).
Período de ausencia de fiestas
y mascaradas en Cartago
1975-1999
En 1975 fueron las últimas Fiestas
Agostinas en Cartago, lamentablemente se perdieron
y nadie retomó esta festividad, aunque
todos los primeros y dos de agosto se realiza
la fiesta religiosa a nivel nacional de la Virgen
de Nuestra Señora de los Ángeles.
De esta manera, decayó de nuevo, la tradición
de las Mascaradas Tradicionales y las Fiestas
de Cartago.
En 1992, el Ministerio de Cultura, Juventud
y Deportes, a través de la Dirección
de Museos, a cargo de la Licda. María
Eugenia Murillo y la investigación de
Alejandro Tossatti, publicaron una revista-catálogo
donde se describe el objetivo, función
y técnicas de construcción de
las mascaradas tradicionales en el Valle Central.
CUARTA ETAPA
El Colegio Universitario retoma
las mascadadas en Cartago
1995-2004
En 1995 el Colegio Universitario de
Cartago a través de la Unidad de Promoción
Cultural realiza en la Sala de Exposiciones
Prof. Marco Aurelio Mata (Campus Universitario),
una exposición de la colección
de Máscaras y cédulas históricas
de la mascarada en el Valle Central, perteneciente
al Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes;
acto que fue aprovechado para hacerle un reconocimiento
a Don Jesús Valerín, con la presencia
de sus familiares quienes notaron que no había
ningún dato, ni máscara que refiriera
a los Valerín como creadores de esta
tradición en Costa Rica. De esta manera,
el Colegio Universitario de Cartago se comprometió
a investigar a fondo la historia de las mascaradas
en Cartago, reconociendo el valor de los Valerín
y otros mascareros-artesanos, que proyectaron
en la provincia de Cartago esta tradición.
El 9 de setiembre de 1996 siendo presidente
José Figueres Olsen, se crea el Decreto
de Ley 25724-c que declara a las mascaradas
tradicionales costarricenses, como la actividad
mas importante del folclor nacional y define
el proceso educativo como una tradición
de las provincias para que se celebre los 31
de octubre, el Día Nacional de la Mascarada
Tradicional Costarricense.
Fue en 1999, después de un largo proceso
de investigación y recopilación
de documentos y entrevistas a personas que se
habían involucrado en la fiesta de la
mascarada de los Valerín y Martínez,
que se estructura un proyecto educativo a través
de la Dirección de Educación Comunitaria
el cual tendrá como fin, rescatar y reconocer
los valores de las tradicionales mascaradas
que se originaron en Cartago y se expandieron
en Costa Rica.
En el 2000 se inicio el proceso de talleres,
exposiciones, conferencias y por primera vez,
se realiza el “Encuentro Nacional de la
Mascarada Tradicional Costarricense”,
contando con la colaboración de la Dirección
Regional del Ministerio de Cultura. En este
encuentro participaron mascareros y cimarronas
de todo el país, por las principales
avenidas de Cartago. En esta ocasión,
se le rindió homenaje a “Lito”
Rafael Valerín y Jesús Valerín
Roldan (1877-1952).
Ese mismo año, en conmemoración
de los cien años de la Escuela Ascensión
Esquivel Ibarra realizamos el primer pasacalle
infantil, con la participación de más
de trescientos niños que vestían
con máscaras tradicionales.
En el 2001, se realizó el Segundo Encuentro
de Mascaradas en la comunidad de San Rafael
de Oreamuno el cual fue dedicado a José
Martínez Hidalgo, a sus hijos Guillermo
Martínez Solano, Avelino Martínez
Solano y a su esposa Oliva Gamboa, esposa de
este último. (1944-2004).
En el 2002, el tercer encuentro se realizó
en la comunidad de Tres Ríos y se dio
homenaje a los señores artesanos mascareros
Alfonso “Pocho” Vega Coto (1970-1985)
y al Señor Custodio Calvo Barquero (1930-1998).
En el 2003, el cuarto Encuentro de Mascaradas,
fue dedicado al Señor Oscar Guevara Chacón
(1958-1992), en Cartago centro y el quinto Encuentro
de Mascaradas será en Cartago, centro
dedicado a la institución Benemérita
Banco Crédito Agrícola de Cartago,
como reconocimiento por el fortalecimiento de
los Valores Culturales.
De esta manera logramos darle el significado
a las mascaradas un elemento de educación
y recreación de nuestros pueblos cartagineses
de la importancia de preservar y difundir la
realización de las mascaradas, como símbolo
de expresión cultural tradicional.
Los resultados de este primer proceso de sensibilización
han pasado las expectativas de los objetivos
planteados, debido al envolucramiento de las
comunidades y las instituciones públicas
y privadas que han participado en los procesos
y espacios para rescatar esta tradición,
gracias al apoyo de Instituciones y personas
que han participado en charlas, conferencias,
talleres y exposiciones son: Colegio Bilingüe
José Figueres Ferrer, Ciudad de los Niños,
Escuela Llanos de Santa Lucía, Escuela
Rescate de Ujarrás, Escuela de Cot, Colegio
Bilingüe Miravalles, Centro Penitenciario
de Cocorí, Bancrédito y el Ministerio
de Cultura. Se han capacitado aproximadamente
600 personas.
Para el año 2005 pretendemos realizar
el Sexto Encuentro de la Mascarada Tradicional
en el cantón de Paraíso. Nuestro
reto será comprometernos a organizar
las Fiestas Agostinas de Cartago, en honor a
nuestra Señora de los Ángeles,
como se hacía en los años 1920-1930,
con tradicionales corridas de toros, carnaval,
tope, reina social y obrera, y por supuesto,
los tradicionales pasacalles.
Queremos dejar patente nuestro agradecimiento
al aporte incondicional de la experiencia y
conocimiento de los señores Avelino y
Guillermo Martínez Solano, quienes han
dado lo mejor para que la historia y la tradición
se fortalezca.
Alfonso
“Pocho” Vega Coto
Artesano innato que ama las tradiciones
Costarricenses nos dice:
“La habilidad hay que traerla en la sangre
nunca hay que desfallecer a pesar de que muchas
veces no se tenga dinero para comprar un tarrito
de pintura”.
“Pocho” Vega se inició en
las mascaradas por iniciativa propia en 1970,
al alquilar las mascaradas para el turno del
barrio en ¢2.000 la hora. Su papá
y unos tíos tienen una cimarrona, que
alegran las fiestas, ahí se aprovecho
y presento sus personajes que el mismo creo:
la jupa de huevo, dos caras, el mechudo, la
calavera, charolito y el gigante, construidas
en papel mache o fibra de vidrio “cada
vez me ingenio una nueva veo a mis ahijados
o sobrinos y ahí veo la mascara nos dice.
Luego se capacito en la facultad de Arquitectura
de la Universidad de Costa Rica, en un curso
sobre este arte, financiado por el AID mediante
la organización costarricense para organizadores
de desarrollo.
Actualmente tienen un conjunto de mascaradas
de más de 30, 10 zancos, donde participa
toda la familia.
El tercer Encuentro Nacional de la Masacarada
se realizó en Tres Ríos dedicado
a él, “Pocho” Vega.
Custodio
Calvo Barqueo
Una herencia Familiar “La Polvora”
Es el hijo del propulsor de la pirotécnia
costarricense, Don Demetrio Calvo Olivares,
quien se inicio en 1898, gracias a la iniciativa
del sacerdote Isidro Thiel que 1890, llegó
a la comunidad de Quircot, a atender la Iglesia
Colonial, donde amenizó las fiestas o
festejos de la patrona con pólvora proviniente
de Nicaragua, fue así como se inicio
la primera fabrica de pólvora.
Don
Custodio Calvo en 1950, sigue la huella de su
padre la cual se ha fortalecido son sus hijos,
nietos y bisnietos, los cuales son reconocidos
a nivel nacional e internacional, debido a su
profesionalismo que los ha llevado a capacitarse
en países como España, México,
Estados Unidos y China, dispuesto a mantener
la tradición.
Don
Custodio Calvo, se hizo famoso no solo por sus
juegos pirotécnicos, sino también;
por los contratos en las fiestas Nacionales,
donde en algún tiempo incluía
carruseles y mascaradas, “Da gusto ver
el espectáculo que preparan los Calvo,
ellos tratan de dar lo mejor; viene el toro
Guaco, iluminando la bola de futbol que rellenaba
de pólvora y cachiflines y se hacía
rodar por las fiestas, muchas veces se quemaron
algunos chinamos, los rótulos iluminados
de colores, los cohetes y un sin fin más
agrega: Oscar Guevara Ch.
Los
Calvo son los pioneros en la pólvora
costarricense, han iluminado desde la visita
del presidente de EEUU, los festivales Nacionales
e Internacionales de las Artes, traspasos de
poderes y por supuesto las celebraciones de
la Virgen de los Angeles.
Oscar
Guevara Chacón
Promotor de las Fiestas Cívicas
en Cartago
Desde
niño estuvo inmerso en las fiestas tradicionales
con tan solo 9 años (1934), le gustaba
bailar el personaje “el negro” en
la mascarada de los Valerín, reconocido
por su don de humanidad con los enfermos, privados
de libertad y ancianitos que le ha válido
el corazón de su pueblo.
Don
Oscar Guevara, le ha dedicado su vida a rescatar
las tradiciones en especial la fiesta. Desde
1963, se dedica a la labor social, de apoyo
espiritual, dedicándole el mayor tiempo
a estas personas. En 1965 colabora con la feria
de las flores en el antiguo Campo Ayala, hoy
el CUC.
En
1966 fue llamado para contratar la música
la pólvora y mascarada en las fiestas
cívicas dedicada al Club Sport Cartagines.
Don
Oscar ha sido un gran motivador de las Hermanos
Martínez, para que sigan promoviendo
la tradición de la mascarada.
En
1992 le solicito a los Martínez, crear
un conjunto de mascaradas para alegrar las fiestas
del Asilo de las Vejez, tanto de la iglesia
como de la navidad.
En
el año 2003 Don Oscar Guevara, fue el
dedicado del IV Encuentro Nacional de las Mascaradas
en Cartago.